«Porqué se fueron las garzas» o el antiindigenismo de Gustavo Alfredo Jácome

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  • Fecha de creación 26 enero 2021
  • Última actualización 4 abril 2023

Cuando Gustavo Alfredo Jácome publica su novela Porqué se fueron las garzas, esto es, en 1979, en la editorial “Gallocapitán”, de Otavalo, el Ecuador atravesaba un momento singular de su historia. Luego de casi una década de gobiernos militares, el país se aprestaba a volver al régimen de democracia representativa. En el ámbito social, se empezaba a sentir, con más fuerza que en décadas anteriores, el despertar político de los pueblos indios y sus demandas por el establecimiento de un Estado pluricultural y multinacional, movimiento que culminaría en 1990 con la gran movilización indígena de ese año a nivel nacional. En la literatura, se iniciaba un período creativo con obras que, en su estructura, lenguaje y temáticas, cumplían la consigna acuñada en los años sesenta de alejarse del canon de la narrativa social naturalista, cuya hegemonía estaba ya, de hecho, terminada desde finales de la década del cuarenta y principios de los cincuenta.

En realidad, la literatura ecuatoriana de ese período, y la que sobrevendría después, se acercaba, por sus características e intencionalidad, a la que de manera general se estaba produciendo en América Latina, teniendo como epicentros lo que sucedía en el ámbito cultural del Río de la Plata (Buenos Aires y Montevideo), en México y, sin duda, en Europa, si consideramos que algunos de sus grandes exponentes se encontraban radicados en el Viejo Continente (Vargas Llosa, Cortázar, García Márquez). Los ecos del llamado boom literario latinoamericano golpeaban con fuerza en el espíritu de nuestros jóvenes escritores, los cuales, si bien mantenían una preocupación por aspectos propios de la historia y las realidades ecuatorianas, actuales (esto es, de entonces) y del pasado, era indudable que primaba un afán por ponerse al día con la contemporaneidad de más allá de las fronteras. Los autores admirados, para limitarnos a los latinoamericanos, eran, junto a los nombrados, Borges, Onetti, o el ecuatoriano Pablo Palacio, aunque también ejercían indudable influencia Alejo Carpentier, Carlos Fuentes, y, paradójicamente, el brasileño Joao Guimaraes Rosa, el mexicano Juan Rulfo y el peruano José María Arguedas. Digo paradójicamente, sobre todo en el caso de los dos últimos nombrados, porque su escritura, que profundizaba un tratamiento del lenguaje enraizado en las hablas populares y las lenguas vernáculas, aparecía algo ajena a la retórica que, en su mayoría, impulsaba la joven generación ecuatoriana que había empezado a hacer sus armas desde los años sesenta y setenta.

Autor: Francisco Proaño Arandi

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